Siempre ahorro tiempo en la cocina, y eso que cocino con vegetales ¿Querés saber cómo?

Mucha gente me pregunta si esta manera de comer con muchos vegetales no hace que viva trabajando en la cocina, y la verdad que ahora no. En todo este tiempo de descubrirme como cocinera, desarrollé estrategias de madre relacionadas a la gestión del tiempo y de los recursos. Además, me pasa que como vivimos alejados de la ciudad, si me olvido de comprar algo, debo cocinar con lo que hay en ese momento en casa. En este post quiero mostrarles una forma bien práctica de ahorrar tiempo al preparar la comida. Una de ellas es realizar varias preparaciones con el mismo ingrediente.

Ahí va! Son 3 preparaciones y vas a necesitar un anco grande (también le llaman coreano ó coreanito)

Lavás bien el anco, luego lo pelás (yo lo hago con cuchillo y pelapapas). Lo cortás por la mitad a lo largo, si?

Bueno, ahora tomás la mitad, la troceás y la colocás a hervir en una olla sobre una vaporera y retirás cuando está blanda. Luego ponés el anco cocido sobre un bowl y comenzás a pisarlo, como cuando hacés puré. Luego, con la minipimer lo procesás un poco más. De aquí reservás 3/4 partes para hacer una sopa crema y 1/4 para hacer un dulce.

Ahora..para la sopa crema: en un bowl colocás esas 3/4 partes del anco que separaste, 1 cucharada de aceite de oliva, 1/2 cucharadita de sal marina sin refinar, 1 pizca de nuez noscada. Procesás todo. Listo! Ya tenés la sopa crema.

Vamos al dulce. En un bowl colocás el 1/4 de anco ya procesado, 1 cucharada colmada de cacao amargo, 1 cucharadita de algarroba, 2 cucharadas de azúcar mascabo. El azúcar puede reemplazarse por miel de cereales, o de abejas sino no tuvieran mascabo, pero el sabor no es el mismo. La algarroba es irremplazable, le de una característica astringente que queda muy bien, y de paso nos  mineraliza. El sabor es bastante parecido al dulce de leche.

A la otra mitad que te quedo sin cocinar, la cortás bien pero bien finito. Te van a quedar como medias lunas. Luego las pasás por una mezcla de aceite de oliva y kumel,  las cocinás al horno fuerte hasta que estén listas. Tenés que ir tocándolas. También se pueden comer crudas!

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Como habrás notado, si bien de base se usa siempre el anco, te sugiero tener a mano especias, muchas y variadas, y aromáticas, también semillas ya sea enteras o en polvo.

Vés que pueden hacerse maravillas en dos minutos, además de ser aptas para veganos y celíacos!

Hasta la próxima.

 

 

 

Y vos: ¿cómo experimentás la cocina?

Y vos: ¿cómo experimentás la cocina?

“La cocina es un arte” es un dicho que forma parte del acervo popular, cuyas implicancias y significado escapan normalmente a la conciencia individual. Una frase tan simple significa para muchos la confirmación de que la cocina es una ciencia o actividad de elite, de aquellos privilegiados que tienen la creatividad, el tiempo y el dinero de pensar y crear las comidas con un toque personal. Y por ello, suele dejar afuera a una gran cantidad de personas, que a diario cocinan para sí mismos o para un grupo, con lo que tienen, lo que pueden, lo que encuentran y lo que saben. Lamentablemente, suponemos que no todos tenemos el tiempo para ser artistas en nuestra vida cotidiana.

Entender a la cocina como un arte se relaciona más con descubrir que cocinar es lo que cada uno de nosotros hace para alimentarse, es el arte de hacer lo que nosotros deseamos comer. Es decir, es un arte personal, primero, para compartir después. A pesar de constituir un mundo de recetas con cantidades milimétricamente especificadas, el éxito de un plato va más allá de la precisión y disciplina en mezclar, batir, medir, saltear, hornear, etc. Cocinar es un arte que emana de nuestros instintos y necesidades básicas, es toda una (a)ventura cotidiana.

“Comestible” es toda sustancia nutriente o inerte capaz de ser metabolizada por el organismo. No obstante, lo que para cada uno de nosotros es comestible depende de lo que nuestro entorno familiar o cercano considera como tal, de los sabores conocidos, del manejo de especias y condimentos, del protocolo y las reglas de comensalidad que practicamos, entre otros factores. Cocinando vamos conociéndonos, comprendiendo hasta qué punto estamos condicionados para llamar “alimentos” a un determinado grupo de sustancias comestibles, entendiendo el bagaje cultural que matiza nuestra mesa y nuestra vida.

El procurarnos el alimento es un acto que trasciende los fines nutricionales de generar una buena calidad de sangre para una mejor nutrición de nuestros sistemas y obtener así mayores reservas de energía y vitalidad. Nos alimentamos para satisfacer, además, necesidades que tienen que ver con nuestras relaciones sociales, estados mentales y emocionales, disposiciones horarias, actividad física y laboral, etc. Es este cúmulo de factores personales ajenos a la alimentación, junto a las reglas sociales de cocina, lo que determina las combinaciones aceptables de sustancias comestibles que llamaremos “plato”. Y así es que en cada uno de los platos que cocinamos y humean en nuestra mesa, vamos plasmando nuestro ser y a toda la cultura en la que estamos inmersos.

Y para vos: ¿cómo experimentás la cocina?

Espero tus comentarios!

Hasta el próximo post.