Y vos: ¿cómo experimentás la cocina?

“La cocina es un arte” es un dicho que forma parte del acervo popular, cuyas implicancias y significado escapan normalmente a la conciencia individual. Una frase tan simple significa para muchos la confirmación de que la cocina es una ciencia o actividad de elite, de aquellos privilegiados que tienen la creatividad, el tiempo y el dinero de pensar y crear las comidas con un toque personal. Y por ello, suele dejar afuera a una gran cantidad de personas, que a diario cocinan para sí mismos o para un grupo, con lo que tienen, lo que pueden, lo que encuentran y lo que saben. Lamentablemente, suponemos que no todos tenemos el tiempo para ser artistas en nuestra vida cotidiana.

Entender a la cocina como un arte se relaciona más con descubrir que cocinar es lo que cada uno de nosotros hace para alimentarse, es el arte de hacer lo que nosotros deseamos comer. Es decir, es un arte personal, primero, para compartir después. A pesar de constituir un mundo de recetas con cantidades milimétricamente especificadas, el éxito de un plato va más allá de la precisión y disciplina en mezclar, batir, medir, saltear, hornear, etc. Cocinar es un arte que emana de nuestros instintos y necesidades básicas, es toda una (a)ventura cotidiana.

“Comestible” es toda sustancia nutriente o inerte capaz de ser metabolizada por el organismo. No obstante, lo que para cada uno de nosotros es comestible depende de lo que nuestro entorno familiar o cercano considera como tal, de los sabores conocidos, del manejo de especias y condimentos, del protocolo y las reglas de comensalidad que practicamos, entre otros factores. Cocinando vamos conociéndonos, comprendiendo hasta qué punto estamos condicionados para llamar “alimentos” a un determinado grupo de sustancias comestibles, entendiendo el bagaje cultural que matiza nuestra mesa y nuestra vida.

El procurarnos el alimento es un acto que trasciende los fines nutricionales de generar una buena calidad de sangre para una mejor nutrición de nuestros sistemas y obtener así mayores reservas de energía y vitalidad. Nos alimentamos para satisfacer, además, necesidades que tienen que ver con nuestras relaciones sociales, estados mentales y emocionales, disposiciones horarias, actividad física y laboral, etc. Es este cúmulo de factores personales ajenos a la alimentación, junto a las reglas sociales de cocina, lo que determina las combinaciones aceptables de sustancias comestibles que llamaremos “plato”. Y así es que en cada uno de los platos que cocinamos y humean en nuestra mesa, vamos plasmando nuestro ser y a toda la cultura en la que estamos inmersos.

Y para vos: ¿cómo experimentás la cocina?

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Hasta el próximo post.